martes, 23 de febrero de 2016

EL MENSAJE, EL DISCURSO Y LA HOMILÍA

Durante su reciente visita a México el Papa Francisco se pronunció, en diferentes contextos y circunstancias, sobre algunos temas inherentes a la realidad social de este país. Las crónicas al respecto mencionaban indistintamente que el Papa dio un discurso, una homilía o un mensaje. ¿Son lo mismo estas tres formas de expresión?

HOMILIA
Es un término eclesiástico, referido a la explicación que un sacerdote hace a los feligreses sobre las lecturas bíblicas proclamadas dentro de una celebración litúrgica o misa.

Las normas litúrgicas promulgadas por el Concilio Vaticano II exponen: “Se recomienda encarecidamente, como parte de la misma Liturgia, la homilía, en la cual se exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana”, en tanto que la Instrucción General del Misal Romano expresa: “Conviene que sea una explicación o de algún aspecto de las lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día, teniendo en cuenta, sea el misterio que se celebra, sean las necesidades particulares de los oyentes."

El mismo Papa Francisco, en su primera exhortación apostólica EVANGELII GAUDIUM expresa que “La homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo” y agrega que  “El que predica debe reconocer el corazón de su comunidad para buscar dónde está vivo y ardiente el deseo de Dios” y que “la homilía no puede ser un espectáculo entretenido, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el sentido a la celebración. 
Es un género peculiar, ya que se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica; por consiguiente, debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase.”

DISCURSO
Según el historiador y filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) un discurso es una creación de quien lo emite, surgida de su propia mente en el marco de un contexto determinado dando lugar una nueva realidad: la que construye quien hace el discurso.

El discurso es el razonamiento extenso dirigido por una
persona a otra u otras, es la exposición oral de alguna extensión hecha generalmente con el fin de persuadir. Se trata de una estructura verbal integrada por una secuencia coherente de oraciones determinada por los temas o tópicos que se expresan por ejemplo en los titulares o los resúmenes del discurso.

Dentro de los diferentes tipos de discurso, me parece que el Papa recurrió a una forma emotiva/expresiva y, por las circunstancias específicas, empleó lo mismo un lenguaje coloquial, a veces poco informal, que un discurso formal, cuidando lo mismo el lenguaje que las formas políticas.

MENSAJE
El mensaje es, fundamentalmente, el objeto de la comunicación, tanto en contenido como en forma, a través de símbolos y/o señales transmitidos a través del lenguaje hablado como del lenguaje corporal. Es información que el emisor envía a uno o más receptores tanto directamente como a través de diferentes canales.

Dice Wilbur Schramm que un mensaje va impregnado de una carga de experiencias y que el éxito de un acto de comunicación depende en buena medida de que el mensaje se situé en el campo de la experiencia común de emisor y receptor; ambos deben estar sintonizados y esta sintonización la otorga en gran medida la experiencia común en ambos.

En su “Modelo de la TUBA” refiere que ante una multiplicidad de mensajes, el receptor selecciona los que menor esfuerzo le ocasionan para percibir su significado, los que más llaman su atención y más despiertan necesidades de su personalidad, y los que mejor se adecuan a su conjunto de normas en lo personal y en lo grupal.

QUE DIJO A QUIÉN
Evidentemente, el Papa Francisco envió diferentes mensajes a través tanto de homilías (el Evangelio aplicado a la vida de cada uno) como de discursos (fijando posición y persuadir). Cada uno fue recibido (decodificado) de acuerdo con un marco de referencia, un contexto y una experiencia personal o grupal. De ahí que hubo quienes se sintieran defraudados porque el Pontífice no hizo mención directa a temas como Ayotzinapa, la pederastia, el aborto, los feminicidios y, en general, de la violencia que priva en el país.

No obstante, me parece que, independientemente del público al que se dirigió en los diferentes eventos en los que participó, el mensaje central de cada exposición fue dirigido a todo aquél que lo escuchó.

Por ejemplo, en Palacio Nacional expresó: “La experiencia nos demuestra que, cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.”

Para muchos, el mensaje estaba claramente dirigido a los funcionarios gubernamentales del Presidente hacia abajo, pero objetivamente visto, exceptuando el tráfico de personas, el secuestro y la muerte,  la mayoría somos susceptibles de buscar beneficios en detrimento de otros; eventualmente caemos en formas de corrupción y excluimos a quien percibimos diferentes ya sea por nivel cultural o socioeconómico. Ello lo reafirmó cuando poco después  expresó: “Esto no es sólo un asunto de leyes que requieran de actualizaciones y mejoras —siempre necesarias—, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno…”

Cuando a los obispos les expresó: “Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decirse cosas, se las digan; pero como hombres, en la cara… Y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón…”, el mensaje también es para todos quienes, como parte del género humano, tenemos conflictos que pretendemos resolver con agresiones o imponiendo criterios; lo mismo que cuando a las familias les dijo: “… es conveniente que de vez en cuando discutan y que vuele algún plato, está bien, no le tengan miedo. El único consejo es que no terminen el día sin hacer la paz, porque si terminan el día en guerra van a amanecer ya en guerra fría, y la guerra fría es muy peligrosa…”, mensaje que lo mismo puede aplicar en el ámbito laboral que en el social y, con todo lo que ello implica, en el político.

Cuando en diferentes momentos se refirió a que los jóvenes son la riqueza de esta tierra, el mensaje, más que a los propios jóvenes, estaba dirigido a quienes tenemos la responsabilidad, desde las aulas, el ámbito laboral, religioso, o el gobierno, de encauzar debidamente el ímpetu de la juventud del país.

Y cuando en Ciudad Juárez refirió que “Trabajen para que esta sociedad que usa y tira a la gente, no siga cobrándose víctimas” el mensaje no era únicamente para los dirigentes de los centros de readaptación social, sino para toda la sociedad que, en mayor o menor medida, es parte de la cultura del descarte, que genera rechazados que se dejan de lado y no cuentan en la sociedad.

En suma: el Papa expresó mensajes a través de homilías en las celebraciones litúrgicas (no fueron clases ni charlas, y buscaron transmitir la vivencia del Evangelio en las circunstancias de cada lugar y cada grupo al que se dirigió), y de discursos, fijando una posición dentro de cada contexto.
Los temas sobre los que muchos quedaron esperando una posición del Papa, fueron respondidos a los  medios a bordo del avión que lo regresó a Roma. Como reza el lema aristotélico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales: “ζῷον zỗion πoλιτικόν” (El hombre es un animal político).


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