martes, 30 de octubre de 2018

LA COMUNICACIÓN PRESIDENCIAL



Un asunto que terminó denominándose “La controversia (o el escándalo) Whitewater fue revelado por el New York Times. El diario reportó que Bill y Hillary Clinton habían invertido y perdido dinero en la Whitewater Development Corporation, pero que la operación afectó los intereses de una financiera de préstamos y ahorros Guaranty Savings.
Un memorando dirigido al Presidente Clinton el 24 de marzo de 1994, titulado “Puntos clave sobre la conferencia de prensa Whitewater”, hacia varias recomendaciones para cualquier comparecencia, especialmente ante los medios.
La primera, “derivar el tema Whitewater hacia el tema de gobernar”, pero como inevitablemente habría muchas preguntas sobre la citada corporación, además de formular preguntas esperadas y respuestas sugeridas, recomendaba algunos mensajes clave:
  • Tú y Hillary no han hecho nada indebido.
  • Defiende a Hillary destacando su ética y sus logros como abogada y en trabajo social.
  • Total cooperación con el Congreso y con el Consejero Independiente que solicitaste.

 El mismo New York Times comentó después que la exposición de Clinton fue "abierta, franca, pero sobre todo imperturbable...el mensaje real era su actitud y su porte. El tono confiable y su relajada expresión corporal...inmediatamente atrajo críticas aprobatorias.”

En su Diccionario de Retórica y Poética, Helena Beristain Retama, Investigadora Emérita del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. (1927-2013), refiere que “la interrogación o pregunta retórica es una figura de pensamiento por la que el emisor finge preguntar al receptor, consultándolo y dando por hecho que hallará en él coincidencia de criterio; en realidad no espera respuesta y sirve para reafirmar lo que se dice.”


Este mecanismo retórico fue empleado por George W. Bush en sus discursos sobre Irak, luego del ataque a las torres gemelas en 2001, para enviar mensajes que fueran creíbles y convincentes que motivaran a los norteamericanos a estar de acuerdo con él para iniciar un ataque. 

Por ejemplo, refiriéndose a Saddam Hussein preguntaba: ¿tiene algún sentido para el mundo que esperemos a confrontarlo mientras él se vuelve más fuerte y desarrolla armas aún más peligrosas?

Como es sabido, Bush persuadió a casi todo el mundo de que Hussein poseía armas de destrucción masiva.

Cuando Barak Obama llegó a la mitad de su primer mandato, a través de una entrevista para CBS hizo una reflexión pública sobre lo que hasta ese momento consideraba su más grande error: la comunicación con los ciudadanos. “La naturaleza del despacho es también comunicar al pueblo todo aquello que le de un sentido de unidad y optimismo, especialmente en épocas difíciles”, comentó. Obama empezó a hacer las cosas de manera diferente, lo que contribuyó a que ganara la reelección.

Tres casos en los que la comunicación presidencial logró convencer a las audiencias para alcanzar objetivos determinados. Hubo planificación, mensajes estructurados acorde con las audiencias, convicción en la voz, sensibilidad y comunicación no verbal (corporal) positiva; todo ello unido para convencer.

Estamos a pocos días de que finalice un gobierno que, entre otras cosas, se caracterizó por un excesivo gasto en publicidad y promoción, pero una mala comunicación personal y directa con los públicos, además de convertirse en referente negativo en las redes sociales debido a las frecuentes expresiones erróneas o fuera de lugar del presidente y su equipo. 

El primer año de gobierno la comunicación sólo se centró en enfatizar las reformas estructurales a través de campañas de mercadotecnia. A partir de 2014 empezaron los problemas de comunicación: primero con la ejecución de 22 personas dentro de una bodega en Tlatlaya en junio, a lo que el presidente se refirió hasta septiembre en respuesta a un reportero de The Associated Press en Nueva York: “La Procuraduría General de la República está ahondando en la investigación y será la instancia que dé respuesta a este tema”.
Luego vino el conocido y aún vigente caso de Ayotzinapa acaecido el 26 de septiembre.
El presidente guardó silencio y la noche del 28 el presidente canceló una gira que tenía en el Estado de Guerrero “por cuestiones de clima (meteorológico)” en tanto el de violencia crecía. Hasta el 1 de octubre Peña hizo una primera declaración en respuesta a pregunta de un reportero: "Es muy claro que el Gobierno federal no puede sustituir las responsabilidades que tienen los propios gobiernos estatales", y un mes después hizo una visita al Estado de Guerrero de donde salió la tendencia en redes de “#yasupérenlo”.


Luego vinieron otros temas que se convirtieron en crisis de comunicación para el gobierno. Por citar algunos:
  • El departamento de lujo de la Primea Dama en Miami cuyos impuestos eran pagados por el dueño de una de las competidoras por los contratos del gobierno para desarrollar los puertos marítimos de México. El presidente lo justificó como un evento aislado dado que su esposa es amiga del dueño de la empresa y no podía ir personalmente a hacerlo. Olvidó que los pagos de todo tipo ya se pueden hacer por internet.
  • El plagio en la tesis profesional del presidente, lo que el vocero presidencial calificó como "errores de estilo".
  • La casa blanca de la Primera Dama, tema en el que el presidente envió a su esposa a dar la cara con un mensaje poco creíble además de “regañar” a la ciudadanía.
  • La visita del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, criticado por subestimar el resentimiento social y no exigir una disculpa pública por las expresiones xenófobas del candidato americano hacia el pueblo de México.
  • El silencio de la transición tersa, que sólo ha comunicado debilidad y cero defensa a los logros alcanzados en su sexenio.
En comunicación, el sexenio que termina careció de sensibilidad. Al parecer no había planeación estratégica de la comunicación; en muchas ocasiones se olvidó el contexto social dentro del que se hacían declaraciones o se lanzaban campañas; no había claridad en muchos mensajes y no se consideraban las posibles preguntas de los medios ni las repercusiones de ciertas declaraciones; muchos mensajes no eran creíbles ni convincentes; no se  alcanzaba a transmitir optimismo ante las crisis que se enfrentaron y parece que hubo poca reflexión sobre lo que se estaba haciendo mal.

Mucho tiene que reflexionar el próximo presidente sobre su estilo de comunicación (que debe ser diferente al del líder de un partido), y la congruencia entre sus mensajes y los de sus colaboradores y su actuar en el ejercicio de sus funciones.


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