miércoles, 22 de enero de 2020

LAS REALIDADES EN LA PREVENCIÓN DE CRISIS



Las organizaciones pueden estar mejor preparadas para enfrentar una crisis de comunicación sólo si están dispuestas a prestar atención a la preparación y a los beneficios que proporciona la preparación continua.


La prevención significa trabajar con anticipación para estar listo a enfrentar esas vulnerabilidades y problemas clave que, aunque sean remotos, tendrían un impacto sustancial si ocurrieran y por ello debería ser parte de las culturas corporativas. Prevenir una crisis es como escribir una novela de terror en la que sucede hasta lo que es prácticamente imposible que suceda.

El estereotipo de las crisis de comunicación en las empresas generalmente son los accidentes industriales, los derrames de sustancias peligrosas, o crímenes terroristas (secuestros, amenazas de bombas o bombas reales), entre otros. Equivocadamente se cree que sólo alguna de estas situaciones o similares puede degenerar en una crisis de comunicación y con facilidad se soslayan las implicaciones que pudieran tener una baja en la productividad, alteraciones en la consistencia de la calidad de los productos o servicios, rumores sembrados desde dentro o fuera de la institución, delitos de cuello blanco, conducta dudosa de algunos funcionarios, etcétera.

Cuando en agosto del año 2000 fue aprendido el Director del Registro Nacional de Vehículos (RENAVE) al ser identificado por un diario de circulación nacional como un destacado militar argentino de la época de la dictadora en dicho país, lo que generó un considerable cúmulo de notas y comentarios periodísticos, los funcionarios directamente relacionados con la empresa pensaban que ese hecho era el clímax de una crisis que había comenzado desde inicios de año por los continuos cuestionamientos sobre dicho registro. Como en novela de terror, a los pocos días se suicidó en circunstancias extrañas el funcionario púbico responsable del programa de registro vehicular. Nadie estaba preparado para ese desenlace. 

La prevención es el aspecto más retador por lo difícil que resulta llamar la atención sobre situaciones que se antojan improbables de ocurrir. Una buena prevención de crisis involucra técnicas de administración y supervisión para detectar problemas de forma temprana y permite activar acciones para responder y eliminar, o por lo menos controlar, cada nueva amenaza antes de que se convierta en crisis.

Pero la prevención y la preparación para las crisis de comunicación requieren tener presentes el reconocimiento de algunas realidades:

REALIDAD 1
La vida útil de un plan o manual de crisis es de aproximadamente cuatro años. La rotación de personal, la estructuración del negocio, el lanzamiento de nuevos productos o servicios y la aparición de nuevos posibles competidores pueden superar incluso el mejor proceso de actualización. 

REALIDAD 2
Los líderes corporativos cambian por promoción, por movimientos corporativos o por renuncia. Los reemplazos tienen entonces que involucrarse y actualizarse en los procesos de crisis. Por lo general, los reemplazos de ejecutivos requieren de ayuda para ponerse al día, por lo que es importante que participen en simulacros intensivos, preferentemente anuales. Esta técnica pone al día a los recién llegados en cuestión de horas y ayuda a reforzar el conocimiento de los empleados veteranos.

REALIDAD 3
Falta de compromiso de los líderes. La mayor debilidad de la mayoría de los planes de crisis es la falta de compromiso e involucramiento de la alta dirección. Por lo general, la alta dirección no participa en los simulacros, los toma a la ligera, o impiden la participación de sus subalternos por privilegiar algún tema urgente.

REALIDAD 4
El tema de contar con un vocero único sigue reinando. ¿Qué sucede si ese vocero no sobrevive al incidente, o si no sabe prácticamente nada sobre el problema, o si está entre los presuntos responsables de la crisis?

Las teorías actuales dicen que aun cuando debe existir un vocero institucional a cargo de la comunicación con todos los públicos, es necesario disponer de voceros de respaldo expertos en la materia y, todavía más importante, especialistas en gestión de incidentes familiarizados en amenazas organizacionales específicas tales como: secuestro, extorsión, desastres naturales, sabotaje o violencia laboral.

REALIDAD 5
La prevención de crisis es el aspecto más desafiante. Es difícil generar interés en planear cosas que es “poco probable” que ocurran. En tanto es relativamente sencillo planear para ciertos eventos que pueden afectar la operación normal, lo difícil es generar el interés de la alta dirección en planear para cosas que no gustaría que sucedieran.

Derrumbe en Plaza Artz. Foto: La Jornad
Una buena prevención implica detectar posibles problemas desde el principio y responder con acciones para eliminar o gestionar nuevas amenazas antes de que ocurran. No hay que  olvidar que los planes no probados necesariamente fallarán en la mayoría de los aspectos.

Ante estas realidades hay algunas recomendaciones que saltan a la vista.

La primera es revisar y actualizar los manuales de gestión de crisis cada dos o tres años. Ello permite realizar ajustes con base a las nuevas circunstancias que vaya enfrentando una organización al tiempo que se mantiene “aceitado” a los responsables de los equipos de gestión de crisis.

Una segunda recomendación es intentar por todos los medios que las cúpulas directivas asuman un compromiso real y participen en la prevención y preparación de una posible crisis de comunicación; no hay que olvidar que una crisis bien gestionada facilita que la empresa sea resiliente ante las circunstancias.

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